Hubo un tiempo en el que el Blasón familiar dibujaba, más allá del reconocimiento de un linaje, su historia y virtudes, sus ideales y anhelos, sus gozos y sombras, sus honores y yerros… Representaba un “Código de Valores” al que los miembros del linaje debían honrar.

Así, las damas de una época, luciendo el Blasón de su esposo bordado en el lado derecho de su vestido y el de su familia en el izquierdo, declaraban al mundo el modelo de principios que les definía por linaje.

Hoy en día, despojados de esa herencia familiar, es nuestra presencia quien nos define. Una presencia fraguada a fuego lento a base de valores, experiencia, sensibilidad, esfuerzo y determinación.

EL BLASŌN DEL S. XXI:
100% PERSONAL

Esta alquimia intransferible revela nuestro estilo único, habla de nosotros mostrando quienes somos, nuestra esencia… Nuestro BLASŌN